Clonación y células madre
En los
últimos años la medicina y la biología han experimentado varias revoluciones
que han ido cambiando de una modo espectacular e inimaginable tanto aspectos
conceptuales básicos como el enfoque de las enfermedades y sus distintas
opciones terapéuticas.
Uno de
los recientes campos que está despertando mayor interés y que más rápidamente
está avanzando, es la denominada Medicina Reparadora, basada principalmente en
la manipulación de células madre (cuya obtención plantea ineludibles dilemas
éticos) con la intención de regenerar tejidos y, de este modo, curar o tratar
enfermos.
En un
breve pero esclarecedor texto se sintetizan y definen los principales conceptos
1-Introducción:
medicina reparadora
Algunos
procesos patológicos (como el infarto de miocardio, la enfermedad de Parkinson,
el Alzheimer, la diabetes tipo 1,...) son ocasionados por la degeneración,
disfunción o muerte (aguda o crónica) de determinados tipos de células
(miocardiocitos en el caso del infarto de corazón; neuronas dopaminérgicas en
el caso de la enfermedad de Parkinson, células Beta del páncreas productoras de
insulina en el caso de la diabetes mellitus tipo 1,...).
La
medicina reparadora tiene por objetivo regenerar estas células, de modo que se
recupere la función del tejido u órgano pertinente. Para lograrlo, es preciso
practicar microtransplantes de células que, de un modo similar al transplante
de un órgano entero (hígado, corazón, riñón,...) podrían suplantar la función de
las células alteradas.
La
mayor dificultad técnica de la medicina reparadora viene dada por la obtención
de los tipos celulares deseados. Éste es también el punto que plantea mayores
dilemas y discusiones éticas, tanto en la comunidad científica como entre la
población en general.
Se han
propuesto distintas vías de obtención de estas preciadas células; para
simplificar el asunto desde el punto de vista ético, distinguiremos entre las
células procedentes de embriones (cuya obtención supone la destrucción del
embrión donante) y las células no procedentes de embriones (cuya extracción no
supone, en principio, la destrucción de una vida humana ni la violación de sus
derechos fundamentales).
2- Conceptos básicos de biología
Antes
de continuar reflexionando sobre los aspectos éticos de las distintas vías de
obtención de células madre, me parece conveniente aclarar algunos conceptos a
fin de poder comprender mejor las posibles aplicaciones de las células madre y
las diferencias entre las distintas fuentes de obtención de las mismas: en este
apartado intentaré explicar brevemente el significado de totipotencialidad,
pluripotencialidad, multipotencialidad, célula madre, célula indiferenciada,
célula diferenciada y estirpe celular.
- Por totipotencia
entendemos la capacidad de una célula de dar lugar a un organismo adulto
entero: el paradigma de célula totipotente es el cigoto (óvulo recién
fecundado) que, de un modo natural, da lugar al organismo adulto en su
totalidad; también son células totipotentes las células del embrión en sus
primeras divisiones (de modo que, si estas células se separan, cada una de
ellas dará lugar a un embrión, obteniéndose, así, dos, tres cuatro o más
individuos distintos (aunque todos ellos genéticamente idénticos); el mecanismo
natural de gemelación ocurre de esta manera: por disyunción espontánea de las
células del embrión en un estadio temprano; también se puede provocar
artificialmente esta separación in vitro: en este caso hablamos de
"paraclonación").
- La pluripotencia
es la capacidad por parte de una célula de transformarse en cualquier tipo
celular del organismo al que pertenece; estas células ya no son capaces de
generar un organismo entero adecuadamente organizado y estructurado, pero sí
pueden dar lugar a cualquiera de las células que lo integran. Naturalmente,
toda célula totipotente es también pluripotente: es decir, una célula capaz de
generar un organismo completo, puede también dar lugar a cualquiera de sus
células por separado.
- El
tercer tipo de célula es aquella que goza de multipotencia, es decir, de
la capacidad de dar lugar a distintos tipos celulares, pero no a todos. Por
ejemplo: algunas de las células que nosotros tenemos en la médula ósea se
dividen continuamente y su descendencia da lugar a los distintos tipos celulares
que circulan por la sangre (glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas);
estas células reciben el nombre de células madre hematopoyéticas. Parece ser
(por lo menos así se ha creído hasta ahora) que, en el organismo, estas células
no se transforman ni en neuronas, ni en células musculares, ni óseas ni de
cualquier otro tipo que no sea las células sanguíneas antes mencionadas: son,
por tanto, células madre multipotentes pero no pluripotentes.
- Las células
madre son aquellas que están especializadas en generar otras células: por
sucesivas divisiones van dando lugar a células y más células que iniciarán el
camino de la diferenciación. Casi por definición, las células madre son células
indiferenciadas, aunque están altamente especializadas en realizar su
función: generar células. También son células multi o pluripotentes: en
principio una célula es tanto más pluripotente como más indiferenciada está y
viceversa; del mismo modo, las células van perdiendo la capacidad de
transformarse en distintos tipos celulares a medida que se diferencian (se van
condenando a permanecer diferenciadas en un único y concreto tipo de célula).
- Las
células diferenciadas son aquellas que están especializadas en llevar a
cabo una determinada función y no pueden (ni su descendencia, en caso que
puedan dividirse, tampoco puede) transformarse en otro tipo celular de
diferente estirpe. La mayoría de las células diferenciadas tienen mermada en
mayor o menor grado la capacidad de dividirse; estas células no se regeneran a
partir de ellas mismas sino a partir de células madre indiferenciadas. La mayor
parte de las células del organismo son células diferenciadas, por ejemplo:
miocitos en los músculos y el corazón, linfocitos, conos y bastones de la
retina, enterocitos del intestino, eritrocitos en la sangre,... El proceso
de diferenciación es inducido y regulado por factores externos a la célula:
el microambiente en que la célula vive le proporciona un conjunto de señales
que inducen la transformación de una célula indiferenciada sin ninguna función
especial en un determinado y concreto tipo de célula con una función
específica.
- En
algunas situaciones patológicas, las células se desdiferencian (también es
posible inducir esta desdiferenciación en condiciones experimentales): muchas células
tumorales malignas presentan esta característica: la desdiferenciación.
Así, por ejemplo, entre las células de un tumor originado en el hígado, podemos
encontrar algunas células tumorales que ya no es posible identificar como
hepatocitos (células del hígado): han adquirido características de células más
inmaduras, indiferenciadas que, precisamente y como ya hemos comentado, están
especializadas en dividirse sin parar (no es una casualidad, por tanto, que
estos cambios sean signos de malignidad, pues un tumor es tanto más maligno
como más descontroladamente se dividen sus células, es decir, como más
desdiferenciado está).
-
Cuando hablamos de estirpes celulares nos referimos a los distintos
tipos de células que integran el organismo: así, las células nerviosas,
musculares, epidérmicas, óseas, cartilaginosas,... pertenecen cada una de ellas
a estirpes celulares distintas. Dentro de cada estirpe, también hay distintos
tipos de células; habitualmente, esta diversidad dentro de la misma estirpe se
debe a los distintos estadios madurativos por los que una misma célula debe ir
pasando o bien a los distintos grados de actividad o activación en que se puede
encontrar una célula.
Todas
las células somáticas del organismo tienen, en principio, el mismo contenido
genético (el mismo genoma, que es la totalidad de genes de un organismo): lo
que distingue las células de una estirpe de las células de otra estirpe no es,
por tanto, la información genética de que disponen, sino la expresión
diferencial de unos u otros genes (la expresión de los genes se traduce en la
síntesis de proteínas; así, las células que expresan unos determinados genes,
producen unas determinadas proteínas).
Nuestras
células contienen muchísimos genes que codifican para otras tantas proteínas:
algunas de ellas son necesarias para el funcionamiento básico de la célula y
son producidas por todas las células del organismo; otras proteínas son
necesarias para realizar funciones específicas que sólo deben darse en
determinados tejidos; por ejemplo: las células de la capa más superficial de la
piel (epidermis), producen queratina; esta proteína sólo se "fabrica"
en este tipo de células y sólo debe hallarse en la piel; los genes que
codifican para las distintas queratinas, sólo deben expresarse en las células
epidérmicas. De igual modo, la actina y la miosina son proteínas implicadas en
la contracción muscular: por lo tanto, sólo deben expresarse en grandes
cantidades en aquellas células con capacidad contráctil. Paralelamente, las
enzimas que se encargan de la producción de lactosa (el principal azúcar de la
leche) sólo deben producirse en las células de la glándula mamaria durante la
lactancia. Pero todas las células del organismo adulto (a excepción de algunas
células de la línea germinal y otros casos especiales como los linfocitos)
contienen toda la información genética necesaria para producir estas proteínas
específicas.
Lo que
determina qué genes expresa una célula y qué genes no expresa, no es el
contenido genético de la célula sino factores externos al genoma: el
microambiente en que vive la célula contiene gran cantidad y diversidad de
señales que le indican y le ordenan cuál debe ser su patrón de comportamiento.
Estas señales se denominan globalmente factores epigenéticos (que pueden ser
factores externos a la célula o bien factores intracelulares).
El
estudio de estos factores es crucial en el campo de la medicina reparadora, ya
que si conocemos cuáles son las señales que inducen la transformación de una
determinada célula en miocardiocito o en neurona, podemos obtener de una forma
controlada los tipos celulares que podamos necesitar a partir de otras células.
En
este mismo orden de cosas, es interesante recordar cómo la famosa oveja Dolly
se desarrolló a partir del núcleo de una célula de la glándula mamaria de una
oveja adulta; es decir: esa célula de ubre fue sometida a un entorno muy
especial (el proporcionado por el citoplasma de un óvulo) y fue capaz de
transformarse, no en cualquier tipo de célula, sino en toda una oveja entera.
Es de suponer que si una célula adulta es capaz de dar lugar a un organismo
entero, no hay ninguna limitación biológica para poder obtener un determinado
tipo celular (cualquiera que sea) a partir de esa misma célula. Sólo es preciso
conocer con detalle los factores que determinan esta diferenciación y poderlos
reproducir en el laboratorio.
3- Fuentes de células madre
Creo
que después de estas aclaraciones, el lector habrá intuido que el fundamento de
la medicina reparadora es obtener células diferenciadas concretas (del tipo
celular deseado en cada caso) a partir de células madre multi o pluripotentes.
La mayor dificultad técnica estriba, por un lado, en la diferenciación de las
células madre hacia el tipo celular deseado, y, por otro lado, en la obtención
de células madre.
El
primer punto (la diferenciación de las células madre) se resolverá a medida que
se vaya profundizando en el conocimiento de los factores que inducen la
diferenciación de los distintos tejidos. Es tan sólo un problema
"técnico" pendiente de perfeccionamiento.
El
segundo punto (obtención de células madre) es más delicado: a las dificultades
técnicas se le añaden grandes dilemas éticos que merece la pena considerar
antes de iniciar o proseguir en determinadas líneas de investigación. Como he
esbozado al principio, básicamente podemos distinguir entre las células madre
procedentes de embriones (y cuya obtención implica necesariamente la
manipulación, utilización y destrucción del embrión) y las células madre
procedentes de adulto (que no suponen un atentado contra la vida o los derechos
fundamentales de un ser humano). Vamos a analizar ahora las diferencias entre las
distintas fuentes de células madre:
3.1-
Células madre no procedentes de embriones
Básicamente
las podemos obtener de dos fuentes: de la sangre del cordón umbilical o bien de
tejidos de personas adultas que contengan células madre. Nos referiremos únicamente
al último caso, aunque las consideraciones éticas son las mismas para ambos.
Células
madre de adulto:
Se
obtienen a partir de células madre multipotentes, que se hallan en distintos
tejidos (probablemente en casi todos), como piel, médula ósea, tejido adiposo,
tejido conjuntivo, bulbo olfatorio, etc.
En un
principio se creía que las células madre de los organismos adultos sólo eran
capaces de generar un número limitado y reducido de estirpes celulares, ya que,
en condiciones fisiológicas, son células multipotentes que generan unos pocos
tipos celulares. Pero más tarde se comprobó que era posible obtener tipos
celulares distintos de los habituales, sometiendo estas células a determinadas
condiciones de cultivo.
Lo que
hace que una célula madre de médula ósea genere únicamente células sanguíneas,
no es su incapacidad intrínseca para generar otros tipos celulares, sino que el
microambiente particular de la médula ósea sólo da indicaciones para que las
células procedentes de estas células madre, se diferencien hacia eritrocitos,
leucocitos o plaquetas. Por lo tanto, es cierto que, en condiciones
fisiológicas, las células madre de los organismos adultos son sólo
multipotentes; pero también es cierto que, sometidas a determinadas condiciones
experimentales in vitro, se las puede desdiferenciar todavía más y
transformarlas en células pluripotentes. Se está trabajando mucho en este campo
y los resultados obtenidos hasta el momento son más que alentadores.
Las
ventajas del uso de células madre procedentes de adulto en los tratamientos de
medicina reparadora son las siguientes:
- No
producirían rechazo inmunológico en el receptor: puesto que estas células son
genéticamente idénticas a las del donante (que es, a la vez, el paciente a
tratar con estas células).
- Su obtención es relativamente sencilla: basta una punción esternal para obtener médula ósea, una biopsia de piel o la extracción de tejido adiposo subcutáneo.
- No se malignizan: es decir, no dan lugar a tumores. Se trata de células más apaciguadas, con menos actividad replicativa, de modo que es más fácil controlar su proliferación que en el caso de las células procedentes de embriones (clonados o no).
- No plantea problemas éticos, pues no se manipula ni se destruye ninguna vida: éste es el punto más decisivo para decantarse por el uso de células madre procedentes de adulto. Las otras ventajas son relativas, porque, es cuestión de tiempo e inversión el poder controlar la mayoría de los inconvenientes o dificultades técnicas que hoy por hoy presentan tanto la utilización de embriones (clonados o no) como de células madre procedentes de adulto.
- Su obtención es relativamente sencilla: basta una punción esternal para obtener médula ósea, una biopsia de piel o la extracción de tejido adiposo subcutáneo.
- No se malignizan: es decir, no dan lugar a tumores. Se trata de células más apaciguadas, con menos actividad replicativa, de modo que es más fácil controlar su proliferación que en el caso de las células procedentes de embriones (clonados o no).
- No plantea problemas éticos, pues no se manipula ni se destruye ninguna vida: éste es el punto más decisivo para decantarse por el uso de células madre procedentes de adulto. Las otras ventajas son relativas, porque, es cuestión de tiempo e inversión el poder controlar la mayoría de los inconvenientes o dificultades técnicas que hoy por hoy presentan tanto la utilización de embriones (clonados o no) como de células madre procedentes de adulto.
3.2- Células madre procedentes de embriones
En
este apartado podemos distinguir dos fuentes, en función de si los embriones
son el resultado de una fecundación in vitro o de una clonación:
Células
madre procedentes de embriones obtenidos por fecundación in vitro (FIV):
Para
obtenerlas es necesario disgregar las células que componen el embrión generado
por FIV y someterlas a las condiciones de cultivo adecuadas para lograr que las
células se dividan eficazmente y se transformen en el tipo celular deseado:
estaríamos transformando un ser humano en un montón de células (por ejemplo,
células pancreáticas productoras de insulina).
Esta
técnica supone manipular y destruir un embrión humano (es decir, un ser humano
que se encuentra en una etapa muy inicial de su desarrollo biológico).
Permitiría obtener células para transplantarlas en personas enfermas (por
ejemplo: transformarlas en neuronas productoras de dopamina e implantarlas en
el encéfalo de un enfermo de Parkinson); en este caso, al ser estas células
extrañas al organismo receptor, presentan el inconveniente de un posible
rechazo (igual que un transplante de órganos cualquiera).
Además,
presentan otro inconveniente: al ser células destinadas a generar de modo
natural todos los tipos celulares y un organismo entero adulto, tienen una
enorme capacidad de dividirse; tanta, que son de muy difícil manejo y, con
cierta frecuencia, causan tumores en los pacientes en que se implantan (o en
los animales de experimentación utilizados): proliferan descontroladamente.
En la
actualidad, se utilizan para este fin embriones congelados
"sobrantes" producto de las técnicas de reproducción asistida; sin
embargo, en algunos países ya es legal la producción de embriones in vitro no
con la finalidad de implantarlos en el útero de una mujer, sino con la única
intención de experimentar con ellos (lo cual supone, naturalmente, un agravante
ético añadido).
Células
madre procedentes de embriones clonados:
Su
aplicación sería equivalente al caso anterior, pero presentarían la ventaja de
evitar el problema del rechazo, puesto que el organismo receptor es
genéticamente casi idéntico a las células procedentes del embrión clonado.
4-
Clonación
En un
sentido amplio, por clonación entendemos la generación de una entidad biológica
idéntica a otra entidad: en el caso que nos ocupa nos referimos a la clonación
de seres vivos y, más concretamente, de seres humanos: es decir, a la obtención
de seres humanos genéticamente idénticos a un ser humano ya existente. Esto se
puede lograr básicamente de dos modos:
-
Clonación por gemelación ("paraclonación"): la
forma más simple de clonar un ser vivo consiste en disgregar las células de la
masa interna del blastocisto (es decir, del embrión en un estadio inicial de
desarrollo) de modo que cada una de las células dé lugar a un embrión distinto
(como ya hemos comentado antes, este es el proceso por el que tiene lugar la
gemelación natural).
-
Clonación por transferencia de núcleo: el otro modo de clonar
seres humanos consiste en tomar el núcleo de una célula de un organismo y
transferirlo al interior de un óvulo al que previamente se le ha extraído el
núcleo; a continuación se estimula el óvulo para que empiece a dividirse como
si hubiera sido fecundado, de modo que se organiza y se desarrolla como
cualquier otro embrión.
Hoy
por hoy, la clonación humana no es técnicamente posible (o no lo es de un modo
suficientemente eficaz como para poderla plantear como alternativa terapéutica
aplicable en la práctica); en cualquier caso, vuelvo a insistir en que, las
barreras técnicas, se superan con tiempo e inversión económica; lo que nunca se
podrá eliminar es la barrera ética: la clonación supone, igual que la
utilización de embriones humanos producidos por fecundación in vitro, la
destrucción de un ser humano; además, en este caso, el embrión humano es
generado con la finalidad de ser utilizado y para ser destruido; por último,
cabe añadir que la clonación presenta algún agravante ético "extra"
en comparación a la destrucción y manipulación de embriones producidos in
vitro: en el caso de la clonación se está utilizando un tipo de reproducción
que no es el propio de la especie humana: la clonación no implica la fusión de dos
gametos procedentes de dos organismos distintos (reproducción sexual) sino la
generación de un nuevo ser humano a partir de células adultas de una única
persona: se trata de un tipo de reproducción asexual, propia de las bacterias,
los protozoos y otros muchos organismos filogenéticamente más primitivos y
mucho menos evolucionados (aunque no por ello menos adaptados a su entorno) que
los seres humanos. En este sentido, la clonación no sólo es reprobable desde el
punto de vista de la defensa de la dignidad de la persona humana, sino también
desde la perspectiva ecologista de defender y respetar la naturaleza y el orden
natural preestablecido.
Hoy
por hoy, la clonación humana se intenta llevar a cabo en plan experimental; el
caso es que para lograr una clonación, es necesario disponer y utilizar gran
cantidad de óvulos (por una cuestión de imperfección de la técnica) y no es
factible disponer del número de óvulos humanos necesario (procedentes de
donantes voluntarias que deben someterse a serios procedimientos no exentos de
riesgos e incomodidades y que, además, no son recompensados).
Para
solventar este problema, se intenta clonar núcleos humanos sobre óvulos murinos
(de ratón), de vaca, de cerdo y otros animales. Con estas aberrantes prácticas,
no sólo se atenta contra la dignidad del ser humano clonado (es decir, con el
nuevo embrión producto de la clonación) sino contra toda la humanidad, al
manipular el patrimonio genético de la especie humana; esos productos de la
clonación... ¿son humanos? ¿son ratones? ¿son híbridos humano-ratón?
Amparándose en esta ambigüedad, los científicos que realizan o defienden estas
prácticas alegan que no se puede considerar el producto de esta manipulación
como algo propiamente humano, de modo que su destrucción no supone un atentado
contra la dignidad de la persona. Otra alternativa para intentar solventar el
problema de la escasez de óvulos propone extraer los óvulos de los ovarios de
las niñas que han sido abortadas: espero que, al imaginar esta inaceptable,
irreverente y atroz manipulación, el lector se haya estremecido tanto o más que
yo; personalmente, este tipo de cosas causan en mí una enorme repugnancia y una
profunda tristeza.
5-
Conclusión
Por
todos estos motivos (éticos, prácticos, técnicos, médicos,...) es infinitamente
más recomendable el uso de células madre de adulto como fuente de células pluripotenciales
que la manipulación de embriones.
Quizás
el lector se pregunte cuales son las ventajas de las células madre procedentes
de embriones. Bien: estas células están programadas para dar lugar a organismos
completos: por lo tanto, presentan una "inercia" a dividirse y
diferenciarse en todos los tipos celulares mucho mayor que las células madre
procedentes de adulto. En este sentido, parece ser que resulta más sencillo
reprogramar células embrionarias que células madre de adulto. Esta ventaja es relativa,
puesto que el reprogramar las células madre de adulto no es imposible ni
tampoco mucho más difícil que el lograr la diferenciación de las células
embrionarias en el tipo celular deseado. A la par, esta discreta ventaja se
salda con un grave inconveniente, fruto de esa misma elevada capacidad para
dividirse: se trata de la tendencia a acabar generando tumores malignos.
Otra
ventaja (que, más que conocer con certeza, intuyo) es de índole económica:
imagino que el poder disponer de los embriones congelados o poder generar
embriones por fecundación in vitro para este fin proporciona una inagotable y
casi gratuita fuente de células madre humanas toti, pluri y multipotenciales
con las que investigar sin límite; además, estas células no pertenecen a nadie
en particular, ya que el donante fue destruido precisamente al obtenerlas y los
padres biológicos de ese embrión, muy probablemente ni siquiera estén al
corriente del uso que se está haciendo de sus gametos y de unos hijos que ni
tan sólo saben que han procreado. Es obvio que el poder disponer de estas
células sin restricciones supone grandes ventajas desde le punto de vista
económico.
En
resumen: si obviamos los posibles beneficios económicos, el uso de embriones y
la práctica de la clonación, no suponen ventajas (respecto las células madre
procedentes de adulto) que justifiquen su aplicación en medicina reparadora, ni
si quiera desde una perspectiva meramente práctica o utilitarista.
Es
innegable que, desde un punto de vista exclusivamente práctico o técnico, tanto
el uso de células madre procedentes de embriones como las procedentes de
adulto, presentan ventajas e inconvenientes.
Es
arriesgado e imprudente hacer predicciones sobre las futuras conquistas de la
ciencia, pero a pesar de ello, me atrevo a manifestar mi previsión: creo que
tanto las dificultades o inconvenientes que presentan el uso de embriones como
la aplicación de células madre de adulto, pueden ser superadas y controladas a
medida que avancen los conocimientos científicos y la tecnología.
Vuelvo
a repetir que sólo es cuestión de tiempo y dinero el que tanto una vía de
obtención de células madre como la otra se perfeccionen lo suficiente como para
ser, ambas, una alternativa técnicamente factible y médicamente eficaz y fiable
(aunque, por supuesto, nunca exenta de riesgos, efectos secundarios y fracasos)
para tratar enfermedades degenerativas.
Lo que
debe hacernos decantar por la utilización de uno u otro tipo de células no son
cuestiones prácticas sino éticas: es lícito utilizar células madre procedentes
de adulto; pero, por muy noble que sea el fin perseguido, es inaceptable la
producción, manipulación y destrucción de seres humanos.
Pero
por ahora, incluso las ventajas médicas y técnicas hablan a favor de las
células madre procedentes de adulto. De todos modos, no quiero darle demasiada
importancia a este hecho, porque lo que hace preferible el uso de estas células
no es su superior eficacia, sino la total ilicitud ética que supone la
utilización de los embriones humanos.
Si el
único modo de obtener células madre aplicables al campo de la medicina
reparadora fuera a partir de embriones, tampoco en ese caso sería lícita su
utilización, a pesar de ser muchísimos los enfermos que se podrían beneficiar
de estas estrategias terapéuticas.
En el
fondo de estos dilemas subyacen dos cuestiones importantes: la primera es de
carácter antropológico: ¿qué se entiende por persona humana?, ¿cuáles son los
principios éticos fundamentales que nos permiten establecer los derechos
humanos universales?; la segunda, es una cuestión más bien práctica: ¿qué se
debe hacer con los miles (o millones) de embriones congelados almacenados en
las clínicas de fecundación asistida?
Para
poder justificar la utilización de embriones y la producción de los mismos para
fines distintos de la reproducción, sería necesario o bien negar que el embrión
sea realmente un ser humano (cosa que resulta bastante difícil de justificar a
la luz de los conocimientos biológicos actuales), o bien admitir la licitud de
someter determinadas personas a la voluntad de otros o ponerlas al servicio de
las necesidades de terceros, con las consecuencias que ello conlleva. Pero
discutir todas estas cuestiones llevaría varios artículos y no es el objetivo
del presente, de modo que dejo estos planteamientos en el aire para que el
lector reflexione por sí mismo (si es que no lo ha hecho ya) acerca de ellos, a
la luz de los cuatro conceptos de biología que he pretendido aclarar y de la
escueta información sobre el estado actual de los conocimientos sobre células
madre (espero que, a pesar de no haber aportado muchos detalles, lo expuesto
sea suficiente como para guiar o incentivar esta reflexión).
Antes
de concluir, plantearé una última cuestión: en el caso de que, dentro de unos
años, la medicina reparadora basada en el uso de células madre procedentes de
embriones (clonados o no) sea una realidad clínicamente aplicable,... ¿cómo
oponerse a que el propio hijo, padre, madre, hermano, esposo, esposa o
cualquier otro ser querido sea tratado con estos procedimientos de una
enfermedad de otro modo incurable e incluso mortal? ¿No estaríamos ante una
situación de chantaje emocional? ¿Sería lícito ofrecer a los pacientes
semejantes opciones terapéuticas?
Este
interrogante no es nuevo: basta pensar en el caso de las donaciones de órganos:
por muy necesitada que esté una persona, bajo riesgo de muerte inminente, de un
transplante de corazón, no sería aceptable que ese corazón procediera de un
pobre padre de familia de la India que, como única vía para salvar a su familia
de morir de inanición, no sólo habría renunciado a un puñado de células suyas,
sino que habría sacrificado su propia vida a cambio de una mísera suma de
dinero. Supongo que habrá personas capaces de aceptar un órgano de semejante
procedencia aún sabiéndolo; pero ni la Medicina ni la Ley pueden permitir que
semejantes situaciones lleguen a ser posibles. En el caso de la utilización de
embriones con fines terapéuticos, nos encontramos ante una situación
equivalente y el modo de enfocar el tema desde la ética médica y la
jurisprudencia, debería ser el mismo.
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Recomiendo
muy especialmente consultar la página web : http://www.bioeticaweb.com
María Valent
Fuente:http://www.arbil.org/


